miércoles, 7 de abril de 2010

CREATIVIDAD

Esta semana, nuestro profesor, José, nos ha pedido que hagamos un texto un tanto triste. En el que tú, o tu personaje imaginario regale su amistad, cariño, solidaridad y afecto, a una persona que lo esta pasando mal. Aquí os pongo una de las historias que él ha sibido al blog. Es de Virtu, la que más me ha gustado de todas. Espero que os guste.


VIRTUDES ROLDÁN 6ºA

El verano pasado fuimos de vacaciones a la playa. Allí conocí a una chica llamada Raquel que tenía los mismos años que yo, once. Tenía gustos parecidos a los míos y coincidíamos en muchas cosas: nuestro color favorito era el morado; a ambas nos gustaba el deporte, el baile, la música, el teatro...Raquel es alta, morena y guapa. También –y como yo- había venido de veraneo desde la ciudad en la que vive, Madrid. Nos lo pasábamos muy bien bañándonos en la playa, burlando a las olas y jugando con las palas en la arena. Pasaron los días y se fue acabando el verano. El último día de las vacaciones ambas nos dimos lo teléfonos y nuestras direcciones del messenger para poder hablar. Y lo hicimos. Casi todos los días y a todas horas hablábamos del baile, del teatro..., es decir, de nuestras aficiones favoritas. Pero sobre todo hablábamos de las siguientes vacaciones de verano que, a poco que nos descuidáramos, otra vez estarían a la vuelta de la esquina. Antes del verano, en un acto de sinceridad que me sorprendió, me contó que sus padres discutían mucho y se peleaban. Raquel tenía miedo de que se separaran.Como eso no había ocurrido aún, volvieron a veranear a la misma playa que el año pasado. Cuando nos vimos, las dos nos pusimos muy contentas pero Raquel, en el fondo estaba triste. Ella me contó más detalles de su historia, los que aclaraban su situación: Su padre estuvo en una despedida de un compañero del trabajo al que habían trasladado Asturias. Esta despedida se celebró en un restaurante. El padre de Raquel llegó muy tarde a casa y, además, excesivamente bebido, con la cabeza en otro mundo. La madre se enfadó muchísimo porque no era la única vez que había pasado; ya había ocurrido en varias ocasiones, por unos u otras causas. Entonces empezaron las discusiones y los gritos. Aunque muchas veces terminaba con la petición de perdón del padre de Raquel, su esposa, al no creer en él, no lo perdonaba. Precisamente por Raquel, su pequeña, fueron a la playa. Ella se puso contentisíma por dos razones: la primera porque tal vez ir juntos de vacaciones significaba reconcialición, y segundo, porque volver a la playa significaba volver a encontrarnos con nuestros juegos y con nuestras charlas eternas.Pero Raquel estaba equivocada porque lo peor llegó cuando estuvimos en un chiringuito muy informal y divertido, que a todos nos gustaba por lo bien que se ponía y por las canciones que sonaban. En ese lugar, por una tontería a la hora de pedir la comida, empezaron a discutir. Raquel por mucho que le decía a sus padres que se callaran, no lo hacían porque ambos querían tener razón. Hasta que su madre dijo gritando:¡¡QUIERO EL DIVORCIO!!Raquel, al escuchar esas palabras de su madre, se le hizo un vacío profundo dentro de ella. Se fue corriendo, no sé dónde, pero se fue… llorando, triste y sola. Yo fui a buscarla, igualmente desesperada; no la encontraba en ninguna parte ni en el portal de su bloque de apartamentos, ni en el parque cercano, ni por la inmensa playa llenita de turistas ... Finalmente, la encontré cerca del espigón, tumbada en la arena, llorosa, perdida, solitaria… Raquel me dijo con una voz entrecortada y con su cara llena de lágrimas y de arena blanca, algo que parecía una despedida:_ Déjame, por favor. Siento decirte esto pero me iré, no sé a dónde, pero me iré. No puedo ver como se derrumba mi mundo; no quiero que mis padres discutan. No es justo lo que me pasa…Al escuchar sus palabras me llené de una profunda tristeza y al comenzar a hablar, Raquel se marchó. Estuve pensando todo el día y toda la noche como ayudarla pero de todas formas pero no encontré respuestas a mis preguntas. Raquel estuvo sola dos o tres días. La busqué el primer día por todos lados pero no la encontré. Mis padres me pidieron que la buscara como fuera, que los padres de Raquel estaban muy preocupados y que nunca discutirían más pero que, por favor, la encontrara. Recorrí la ciudad una y mil veces, igual que recorrí entera su larga playa. Y, no sé aún cómo, pero al fin la encontré. Estaba en el mismo lugar del espigón, junto a unas rocas, solitaria, y enormemente triste._ ¡Raquel! Por fin te encuentro. ¿Dónde estabas? Tus padres están preocupados por ti. Prometieron que jamás discutirían pero... pero... que era mejor que cada uno rehiciera su vida, lejos de los engaños, y… -no sé como decírtelo-... se han separado... Espero que no estés triste. Quiero que sepas, amiga mía, que son cosas que pasan en la vida. Pero ningún mal es eterno. Sobre todo, porque ambos tienen de nuevo una nueva oportunidad. Esta tristeza pronto pasará. Pero tú debes saber que aquí, delante de ti, tienes a una verdadera amiga que te va ayudará con toda su alma para que nunca jamás te sientas sola.Raquel me dio un abrazo, fuerte, como nunca sentí otro, y mezcló con las mías sus lágrimas, unas lágrima que nacían desde la emoción y que mancharon mansamente la cálida arena de la playa, esta playa que ha sido testigo de mis juegos y de mis emociones. VIRTUDES ROLDÁN



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